lunes, 18 de marzo de 2013
LA LEYENDA DE LOS CHANCAS
Según cuentan las crónicas, en los años que gobernaba el inca Huiracocha, este nombró como sucesor a Urco, quien había empezado a ayudarlo en el gobierno, aunque lamentablemente, no parecía tener verdaderas dotes de mandatario.Aparecieron entonces en las cercanías del Cusco, tropas chancas armadas lanzando gritos de guerra. Entre los jefes chancas destacan Malma, Tumay Huaraca, Astu Huaraca y Huaman Huaraca. Ellos iban protegidos por Uscovilca, su mallqui, es decir, su momia.El mallqui tenía un valor símbolico muy importante porque era considerado sagrado y una divinidad protectora. En este caso, el mallqui Uscovilca protegía a los guerreros. Por eso mismo, iba bien custodiado para evitar que cayera en manos del enemigo durante los enfrentamientos.
La presencia de los chancas aterró a los cusqueños. El inca Huiracocha huyó con Urco y parte de sus seguidores. El Cusco quedó prácticamente a merced de los chancas, y entonces el joven Cusi Yupanqui decidió defenderlo de sus atacantes. Pidió la ayuda de algunos curacas, pero además requería una protección divina. Por eso invocó al dios Sol e imploró por su ayuda.Así se inició la batalla. Cuentan que el enfrentamiento era terrible. Aunque Cusi Yupanqui había logrado detener el avance chanca, aún no podía expulsarlos del territorio inca. Un viejo sacerdote, Topa Huanchire, se le ocurrió un truco: colocar unas grandes piedras con flechas y porras para que, viéndolas desde lejos, los chancas pensaran que se trataba de nuevos refuerzos incas. Entonces fue cuando intervino el dios Sol y convirtió las piedras en aguerridos soldados- conocidos como pururaucas -, quienes rápidamente tomaron posesión del mallqui Uscovilca. En ese momento, las tropas chancas se desorganizaban y huyeron despavoridas. Cusi Yupanqui fue a buscar a Huiracocha, quien de acuerdo con las tradiciones incas debía sellar la victoria pisando el botín y encarando a los jefes enemigos capturados. Símbolicamente, así tomaban posesión de las tierras y los bienes de los vencidos. Sin embargo, Huiracocha se negó y propuso que fuese Urco quien lo hiciera. Cusi Yupanqui rechazó la idea y emprendió su retorno al Cusco. Urco decidió entonces acabar con Cusi Yupanqui, y para ello preparó una emboscada. Cusi Yupanqui fue atacado en el camino, pero él estaba preparado y sus hombres derrotaron a los atacantes. Ya de regreso en el Cusco, Cusi Yupanqui se enteró de que un grupo de chancas se reagrupaban con la intención de atacar nuevamente. Los volvió a enfrentar, esta vez en Jaquijahuana, donde los derrotó e inició una persecución que lo llevó hasta Andahuaylas. Allí, Cusi Yupanqui puso fin a las prentensiones chancas y selló definitivamente su victoria. Al retornar al Cusco cargado de un nuevo botín, volvió a insistir en que Huiracocha reconociese el triunfo cumpliendo con pisar los "despojos" de los vencidos. En esta oportunidad el Inca accedió, pero rechazo retornar al gobierno. En consecuencia, las familias nobles optaron por nombrar como nueva inca a Cusi Yupanqui, a quien se le cambió el nombre por el de Pachacútec.
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